La oposición y el uso político de los datos de inflación en República Dominicana

En América Latina, el panorama es más desafiante. Brasil proyecta una inflación de 5.2 por ciento, Colombia 4.9 y Chile 4.3. México se ubica en 3.9, mientras que Argentina continúa siendo un caso extremo, con niveles que superan ampliamente el promedio regional.
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Nueva York: La inflación volvió al centro del debate público en República Dominicana en los últimos días, con críticas dirigidas al gobierno por el impacto del alza de precios sobre el costo de la vida. Desde la oposición y en redes sociales, se insiste en que el poder adquisitivo de los salarios se ha visto afectado, especialmente entre los sectores de menores ingresos. La preocupación es legítima. Pero el diagnóstico requiere contexto.

Los datos oficiales del Banco Central de la República Dominicana indican que hacia finales de 2025 la inflación interanual ronda el 4.8 por ciento, una cifra que, aunque perceptible para los hogares, se mantiene dentro del rango meta de la política monetaria. Esta lectura coincide con las evaluaciones del Fondo Monetario Internacional(FMI), que sitúa la inflación dominicana dentro de una tendencia global posterior a la pandemia, más que como un fenómeno exclusivo de la economía local.

En 2025, el aumento del costo de la vida sigue siendo un tema central en gran parte del mundo. El FMI proyecta que las economías avanzadas convergen hacia tasas cercanas al 2.5 por ciento, mientras que las economías emergentes se mantienen alrededor del 5 por ciento. La desinflación avanza, pero no al mismo ritmo en todos los países.

Las diferencias son evidentes incluso entre las grandes economías. Estados Unidos registra una inflación proyectada de 2.7 por ciento y Alemania de 2.1, mientras que Japón y el Reino Unido superan el 3 por ciento. Francia se sitúa en torno a 1.1 y China muestra una inflación cercana a cero, un contraste marcado frente a los años inmediatamente posteriores a la pandemia.

En América Latina, el panorama es más desafiante. Brasil proyecta una inflación de 5.2 por ciento, Colombia 4.9 y Chile 4.3. México se ubica en 3.9, mientras que Argentina continúa siendo un caso extremo, con niveles que superan ampliamente el promedio regional. Este contexto regional es clave para evaluar el caso dominicano con mayor objetividad.

Según el FMI, República Dominicana cerraría 2025 con una inflación promedio cercana al 3.7 por ciento, por debajo de varias economías relevantes de la región. Más allá del promedio, las mayores presiones se concentran en alimentos, transporte y energía, rubros que pesan más en el gasto de los hogares de menores ingresos y explican por qué la percepción social del encarecimiento es más intensa.

La inflación reciente tiene causas ampliamente documentadas. La salida de la pandemia tensionó cadenas de suministro, elevó costos logísticos y alteró patrones de consumo. A esto se sumaron choques en energía y alimentos. La respuesta global fue el endurecimiento de la política monetaria, una herramienta efectiva pero gradual, cuyos efectos no se reflejan de manera inmediata ni uniforme.

La discusión de fondo no debería centrarse en si un país “falló” en evitar la inflación, sino en cómo gestionó un choque global sin precedentes. Comparar datos, tendencias y contextos permite un debate más informado y menos reactivo. En un mundo donde el alza de precios ha sido la norma y no la excepción, entender el lugar que ocupa República Dominicana en ese mapa global es clave para evaluar la realidad con mayor precisión.

En este contexto internacional marcado por presiones inflacionarias persistentes, la experiencia dominicana muestra un elemento diferenciador que suele quedar fuera del debate coyuntural. A diferencia de otros países donde el alza de precios ha derivado en episodios de fuerte agitación social, protestas masivas o rupturas abruptas del equilibrio fiscal y monetario, República Dominicana ha mantenido un clima de relativa paz social, crecimiento sostenido y funcionamiento institucional continuo.

Esa estabilidad no elimina las dificultades que enfrentan los hogares ante el costo de la vida, pero sí sugiere que el manejo macroeconómico ha evitado escenarios de desorden mayor, preservando la confianza, el empleo y la cohesión social en un entorno global particularmente adverso. En un mundo donde la inflación ha sido la norma y no la excepción, la capacidad de sostener estabilidad sin crisis ni convulsión social también forma parte del balance que merece ser analizado con datos y perspectiva.

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