¡Ni desprecio ni humillación! El significado político del ingreso privado de María Corina a la residencia de Trump

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WASHINGTON D.C. — El reciente encuentro en la Casa Blanca entre el presidente Donald Trumpy la líder venezolana María Corina Machado ha provocado diversas reacciones sobre el protocolo empleado.

A diferencia de otros líderes que son recibidos en el Ala Oeste con honores militares, Machado ingresó por una entrada lateral de la residencia ejecutiva para un almuerzo privado de más de dos horas.

Aunque sectores críticos han calificado el gesto como una disminución de su relevancia, expertos en diplomacia aseguran que el formato responde estrictamente a las normativas de la Casa Blanca para figuras que no ostentan un cargo ejecutivo formal.

El punto central de la diferenciación protocolar radica en el estatus legal actual de la transición venezolana. Mientras que en 2020 Juan Guaidó fue recibido «puerta a puerta» como presidente interino reconocido por Washington, en 2026 la administración Trump mantiene un reconocimiento oficial sobre Delcy Rodríguez para la etapa de transición.

Bajo las leyes del Departamento de Estado, recibir a Machado con honores de Jefa de Estado generaría una contradicción jurídica y diplomática, por lo que se optó por un formato de «visita de trabajo de alto nivel», reservado para líderes de gran influencia política y premios Nobel.

Este tipo de recepción discreta no es inusual en la historia de la oficina oval y, a menudo, indica una cercanía mayor que las ceremonias públicas. Figuras de la talla del Dalai Lama han sido recibidas históricamente por la misma vía lateral para evitar conflictos diplomáticos con terceros países, sin que ello reste peso al mensaje político.

En el caso de Machado, el hecho de que el presidente Trump le dedicara un almuerzo privado extenso un recurso escaso en la agenda presidencial subraya que el interés de Washington está en la sustancia de la conversación y no en la parafernalia exterior.

Durante la reunión, que se mantuvo bajo un hermetismo casi total, se discutieron los próximos pasos de la transición y el papel de Machado como autoridad moral del proceso.

Fuentes cercanas a la Casa Blanca indicaron que el formato «puerta cerrada» permitió un diálogo más franco sobre temas de seguridad y acuerdos estratégicos que no habrían podido tratarse en una visita de Estado convencional, la cual suele estar rígidamente guionizada por la presencia de los medios de comunicación.

La controversia sobre la entrada también se vio alimentada por la reciente retórica de Trump, quien días antes había cuestionado públicamente el alcance del liderazgo de Machado.

En definitiva, la visita de María Corina Machado a Washington deja una lección sobre la diferencia entre la forma y el fondo en la política internacional.

Más allá de la puerta por la que ingresó, el acceso directo al comedor presidencial y la duración del encuentro confirman que Machado sigue siendo la interlocutora clave para la Casa Blanca en el tablero venezolano, operando en un nivel de influencia que trasciende los títulos oficiales y se asienta en su peso político real.

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