La hipocresía de las flechitas azules de WhatsApp al fingir que no se leyó el mensaje

Se leyó el mensaje, pero se quiere aparentar lo contrario. Se sabe, pero se finge ignorancia. Se decide no responder, pero se oculta esa decisión detrás de un truco técnico.
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Nueva York.- Durante años, una creencia se ha normalizado en las conversaciones digitales cotidianas. En WhatsApp, las flechas azules han sido interpretadas como una prueba de transparencia. Si aparecen, el mensaje fue leído. Si no aparecen, se asume que la otra persona no ha visto el contenido. Esa lógica, repetida millones de veces al día, es falsa.

Lo que se ha instalado no es una función inocente de privacidad, sino una cultura extendida de simulación. Una práctica silenciosa que permite leer mensajes sin que el emisor lo sepa, y que se ha convertido en un acto socialmente aceptado de engaño cotidiano.

WhatsApp ofrece varias formas técnicas para manipular la confirmación de lectura. La más conocida es la desactivación de los acuses de lectura en la configuración de privacidad. Al hacerlo, el usuario puede leer mensajes sin que aparezcan las flechas azules en el chat del emisor.

Sin embargo, esta acción no es neutral. Quien desactiva esta función también renuncia a ver las confirmaciones de lectura de los demás, creando una falsa sensación de equilibrio que en la práctica se usa de forma selectiva.

Pero esta no es la única forma de engaño.

Existen métodos más sofisticados y deliberados. Uno de los más utilizados consiste en leer los mensajes desde la pantalla de notificaciones. Al no abrir la conversación dentro de la aplicación, WhatsApp no registra el evento como lectura. El mensaje fue leído, procesado y muchas veces respondido mentalmente, pero el sistema sigue mostrando una sola flecha gris.

Otro mecanismo común es el uso del modo avión. El usuario activa el modo avión antes de abrir el mensaje, lo lee sin conexión a internet y luego cierra completamente la aplicación antes de volver a conectarse. Al no haber sincronización con los servidores de WhatsApp, la confirmación de lectura nunca se envía. Técnicamente, el sistema nunca supo que el mensaje fue abierto, aunque en la práctica el contenido ya fue consumido.

También se ha generalizado el uso de widgets, relojes inteligentes y dispositivos vinculados que permiten leer mensajes completos fuera de la aplicación principal. En estos casos, la lectura ocurre en una capa externa del sistema operativo, sin activar los indicadores de WhatsApp.

Nada de esto es accidental. Son decisiones conscientes. Acciones repetidas que buscan controlar la percepción del otro, ganar tiempo, evitar respuestas incómodas o simular desinterés; en términos simples, se trata de una representación falsa del comportamiento real.

El fenómeno no es tecnológico, es cultural y mafioso; WhatsApp solo provee las herramientas. La hipocresía surge cuando se utiliza la tecnología para sostener una narrativa que no coincide con los hechos.

Se leyó el mensaje, pero se quiere aparentar lo contrario. Se sabe, pero se finge ignorancia. Se decide no responder, pero se oculta esa decisión detrás de un truco técnico.

Esta práctica se ha normalizado al punto de convertirse en una conducta defensiva. Muchos la justifican como autocuidado digital, gestión emocional o derecho a la privacidad. Sin embargo, en la mayoría de los casos no se trata de protegerse, sino de evitar la responsabilidad básica de una interacción honesta.

El Faro Latino observa este fenómeno, especialmente en la casta política y como un síntoma de una sociedad que prefiere la simulación al diálogo directo. Una cultura donde la tecnología no se usa para comunicar mejor, sino para evadir, postergar y manipular percepciones.

Las flechas azules no miden honestidad. Pero la intención detrás de ocultarlas sí dice mucho más de lo que se quiere admitir de quienes se han acomodado detrás de ellas.

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