Cónsul Chu Vásquez juramenta nueva directiva del Instituto Duartiano en Nueva York

El cónsul situó el papel del Instituto en el lugar donde suele ser más necesario. Le atribuyó valor como una de las estructuras que, lejos del territorio, sostienen la continuidad de la dominicanidad entre quienes nacieron fuera y crecieron entre dos culturas.
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Nueva York.- En una ciudad donde la identidad se defiende a diario, a veces con acento prestado y nostalgia intacta, el Instituto Duartiano volvió a colocarse en el centro de una escena que mezcla patria, memoria y comunidad. El cónsul general de la República Dominicana en Nueva York, Jesús Vásquez Martínez, conocido como Chu, encabezó la juramentación de la nueva directiva de la filial, en un acto que funcionó tanto como cambio de mando institucional como recordatorio de propósito.

El cónsul situó el papel del Instituto en el lugar donde suele ser más necesario. Le atribuyó valor como una de las estructuras que, lejos del territorio, sostienen la continuidad de la dominicanidad entre quienes nacieron fuera y crecieron entre dos culturas.

Su mensaje, pronunciado tras asumir la juramentación como responsabilidad directa, insistió en esa idea de custodia. El Instituto, dijo, no es solo una entidad histórica, sino un guardián de los valores duartianos y una herramienta activa para preservar la identidad nacional en la diáspora.

La juramentación dejó como presidenta a Arelis Mejía, quien sustituye al periodista Adalberto Domínguez, hasta ahora al frente de la institución. El relevo ocurrió sin estridencias, con el tono propio de los espacios donde la solemnidad no es decorativa, sino parte del ritual.

La nueva presidenta entrante habló como quien recibe un mandato comunitario. Prometió impulsar programas de formación cívica y ampliar la participación de jóvenes y profesionales dominicanos en las labores del Instituto, con la mirada puesta en un reto persistente; cómo traducir el pensamiento de Duarte a una generación que muchas veces aprende la patria por relatos y no por experiencia directa.

La directiva juramentada quedó integrada por Dulce Faña como vicepresidenta; Adalberto Domínguez como secretario general; Ana Díaz en la secretaría de organización; Concepción Veras en finanzas; Rafaela Martino en la secretaría de educación cívica, patriótica y cultural; Dafne Zake como secretaria de actas; Miguel Estrella en relaciones comunitarias; Hanty Almánzar en redes sociales; y las vocales Edith Torres y Mercedes Collado.

Un equipo amplio, con funciones definidas, que asume la responsabilidad de sostener la agenda institucional en una de las plazas más exigentes para cualquier organización de la diáspora.

En medio del cambio de directiva, el acto también dejó espacio para el reconocimiento. Como parte del programa, el Consulado entregó una placa a Adalberto Domínguez por su compromiso patriótico y vocación de servicio. El gesto marcó un cierre formal a su etapa como presidente, y al mismo tiempo subrayó una idea de continuidad; que en estas instituciones, los nombres cambian, pero el trabajo queda sujeto a la misma demanda. Persistencia y presencia.

El programa incluyó además una ofrenda floral conjunta realizada por el Instituto Duartiano y el Consulado General de la República Dominicana en Nueva York. El ritual, repetido año tras año en distintos escenarios, suele decir más de lo que parece. Es una manera de afirmar que Duarte no es una figura remota, sino una referencia que se invoca para organizar la memoria y para fijar un horizonte moral, incluso a miles de kilómetros de la isla.

La jornada concluyó con un llamado a la unidad y al trabajo conjunto entre las instituciones patrióticas y el Estado dominicano en el exterior. La consigna fue clara. Sostener el legado no depende solo de ceremonias, sino de articulación constante, de presencia comunitaria y de un esfuerzo sostenido para que la historia no se convierta en pieza de museo, sino en brújula.

Para el Instituto Duartiano en Nueva York, el desafío vuelve a ser el mismo de siempre, adaptado a un tiempo nuevo. Mantener vivo a Duarte en una ciudad que lo obliga todo a reinventarse.

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