El consumo de una cucharada de aceite de oliva extra virgen al despertar se ha convertido en una práctica popular por su aporte de ácido oleico, polifenoles y otros compuestos antioxidantes. Sin embargo, no existe evidencia de que tomarlo en ayunas produzca beneficios especiales frente a incorporarlo a las comidas.
El estudio español PREDIMED, realizado con 7,447 adultos que presentaban alto riesgo cardiovascular, relacionó la dieta mediterránea complementada con aceite de oliva con una menor incidencia de eventos cardiovasculares importantes. Los resultados corresponden al patrón alimentario completo y no demuestran que una cucharada aislada pueda prevenir un infarto.
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Sus compuestos fenólicos han sido estudiados por su posible participación en procesos vinculados con la inflamación y el estrés oxidativo. Al ser una fuente de grasa, también favorece la absorción de las vitaminas A, D, E y K cuando se consume junto con alimentos que las contienen.
Un ensayo clínico publicado en 2025 comparó el aceite de oliva extra virgen con el refinado en 140 personas con estreñimiento crónico y encontró una mayor mejoría entre quienes consumieron la primera variedad durante cuatro semanas. No hay una cantidad ni una hora establecidas como obligatorias, por lo que puede utilizarse con moderación en ensaladas, verduras, legumbres y otras preparaciones dentro de una alimentación variada.



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