Activista del PRM le entra “como a la conga” a la dirigencia y denuncia desconexión con las bases

Mencionó a Alfredo Pacheco, presidente de la Cámara de Diputados y figura importante del PRM, a quien atribuyó un reclamo directo al presidente Luis Abinader por la exclusión de compañeros que hicieron trabajo partidario y están siendo sustituidos, según sus palabras, por advenedizos que no se sacrificaron.
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Nueva York.- Ramón Valdez, conocido en su comunidad como Chango, habla sin rodeos. En una entrevista telefónica con El Faro Latino, el dirigente de base del Partido Revolucionario Moderno (PRM) describió lo que, a su juicio, se ha convertido en el mayor problema interno de la organización que hoy gobierna la República Dominicana, una estructura partidaria que se fue quedando sin partido.

Según Valdez, la raíz del desencuentro es visible a simple vista. Asegura que la alta dirección está copada por funcionarios del Estado y que, con esa mezcla, el partido perdió calle, perdió oído y perdió capacidad de crecer. Puso ejemplos concretos. Mencionó a José Ignacio Paliza, presidente del PRM y Ministro de la Presidencia, a Carolina Mejía Gómez, secretaria general y Alcaldesa del Distrito Nacional, a Milagros María Ortiz Bosch, primera vicepresidenta y directora de la Dirección General de Ética e Integridad Gubernamental, a Eddy Olivares, segundo vicepresidente y Ministro de Trabajo, a Nelson Arroyo, tercer vicepresidente y director de Aduanas, y a Deligne Ascención, secretario nacional de organización y Ministro sin cartera, coordinador del Gabinete de Transporte.

Para Valdez, esa concentración de cargos públicos arriba ha creado una cultura nueva, una que ya no se parece al partido que prometía renovación. Dice que los principales dirigentes viven el ensueño de sus posiciones, rodeados de aduladores, seguridad y distancia, mientras las bases sienten que quedaron fuera del mapa.

En su relato, incluso la simbología cambió. Contó que, al llegar a la Casa Nacional del PRM, lo primero que se ve en la entrada son militares con armas largas, un gesto que para él comunica acceso restringido y barreras, no cercanía ni militancia.

Esa imagen sirve de puente para lo que repite como idea central. O se está en el partido o se está en el gobierno. Afirmó que mantener a los principales dirigentes como funcionarios alimenta el desencuentro y le hace daño al crecimiento de la organización, porque quien está en la gestión pública rara vez baja a la realidad diaria de las bases.

 

Aunque actualmente vive en Nueva York, Valdez habla sobre su propio territorio, trajo el argumento a tierra. Dijo que, en Los Guandules, en la capital, hay dos zonas y ninguna tiene un local. Para él, eso resume el abandono. Sin local no hay punto de encuentro, no hay auxilio a la militancia, no hay estructura viva. Lo que hay, insistió, es una dirigencia enfocada en los grandes cargos, los de arriba, y un vacío allá abajo donde se sostiene el trabajo político cotidiano.

En esa misma línea, sostuvo que el abandono no es una percepción aislada. Señaló que, a medida que pasa el tiempo, el malestar se ha ido intensificando, al punto de que dirigentes de alto perfil también han levantado la voz. Mencionó a Alfredo Pacheco, presidente de la Cámara de Diputados y figura importante del PRM, a quien atribuyó un reclamo directo al presidente Luis Abinader por la exclusión de compañeros que hicieron trabajo partidario y están siendo sustituidos, según sus palabras, por advenedizos que no se sacrificaron. También dijo que ese clamor ha encontrado eco en el expresidente Hipólito Mejía.

Valdez retrató un patrón que, para él, se repite en distintas instituciones. Asegura que allegados privilegiados que llegan a ministerios o direcciones cancelan en masa a los pocos perremeístas que habían logrado entrar al Estado, y que lo hacen porque no tienen sensibilidad partidaria ni entienden la estructura interna. Lo explicó con una frase mordaz. Si usted les habla de la zona B, creen que usted les está hablando del complejo vitamínico B. Para Valdez, ese desconocimiento es incompatible con la responsabilidad de administrar cargos desde los cuales se supone que también se fortalece el proyecto político.

El entrevistado insistió en que la base fue la que se sacrificó y cargó con el peso de las campañas, primero para ganar, luego para retener el poder en 2024. Habló de quienes dejaron la piel en las calles, de los que trabajaron desde temprano hasta tarde, y de los que hicieron el esfuerzo en condiciones difíciles. En ese punto, el tono se le volvió más personal. Recordó promesas internas atribuidas al presidente Abinader, en particular la idea de que los primeros empleos serían para los primeros delegados, y dijo que la respuesta que recibieron fue abandono. Para él, la norma ha sido el incumplimiento de acuerdos dentro del partido.

Esa sensación lo llevó a una frase cargada de desamparo. Dijo que ama la política, que ya no puede militar en otro partido, que este es su PRM, pero que se lo han quitado de las manos. En su manera de explicarlo, la base no solo perdió representación, también perdió interlocutores. No tenemos presidente, no tenemos secretario general, no tenemos nada, afirmó, en una descripción que apunta más a la ausencia de presencia que a la inexistencia formal de cargos.

Se subleva por ante decisión del PRM de no hacer convención interna en 2026

La entrevista tomó un giro más duro cuando El Faro Latino le preguntó sobre la decisión partidaria de no hacer convención para escoger dirigentes, y optar otra vez por consenso y, en algunos casos, encuestas, como ocurrió en 2022. Valdez lo interpretó como un golpe directo a la democracia interna. Dijo que un partido que se presenta como moderno no puede pretender anular el mecanismo más democrático para elegir liderazgos.

A su juicio, se trata de una decisión unilateral que cercena el derecho a elegir y ser elegido, frena la rotación necesaria para la renovación y repite un episodio que describió como lúgubre.

Fue ahí cuando lanzó su definición más provocadora. Dijo que el PRM se ha convertido en una finca administrada por los popis, propiedad de dos dueños, Luis Abinader e Hipólito Mejía. Según su perspectiva, en esa finca solo se hace la voluntad de esos dos, y lo demás se acomoda por dedo y por arreglo, no por competencia y voto interno.

Para Valdez, la consecuencia es previsible. Si la base siente que no cuenta, se desencanta. Y si el desencanto crece, la militancia puede soltar todo en banda. Su advertencia final quedó anclada en una idea simple y dura. Mientras la base trabaja para que otros sean gobierno, la dirigencia actúa como si el interés de la base no importara.

Con su tono frontal, Ramón Valdez dejó sobre la mesa dos reclamos que, en su relato, son uno solo. El primero exige un partido con dirección presente, conectada con el territorio y con reglas que se cumplan. El segundo alerta sobre la forma de escoger liderazgos, porque en esa forma, asegura, se decide si el PRM sigue siendo partido o si termina de convertirse, definitivamente, en un poder administrado desde arriba.

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