Cónsul Chú Vásquez despeja especulación sobre salud de Ramón Alburquerque

 Antes de compartir, toca verificar. Y mientras la política hace sus lecturas, la ciudadanía insiste en una sola, la más humana, que se restablezca pronto y encomendarlo a Dios, el Gran Arquitecto del Universo!
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Nueva York.-  En medio de versiones contradictorias que circularon durante el fin de semana y la madrugada, el cónsul dominicano en Nueva York, Jesús Vásquez Martínez, conocido como Chú, intervino con un mensaje público en X. Informó que la mañana de este lunes 19 de enero visitó personalmente al ingeniero Ramón Alburquerque en el Milstein Hospital, conversó con él y lo vio “bien animado”. Añadió que en cuestión de horas el veterano dirigente político partiría hacia la República Dominicana y pidió continuar en oración por su recuperación. 

La publicación se interpretó como una respuesta directa al ruido digital que, sin verificación suficiente, disparó especulaciones sobre la condición del ex presidente del Senado y figura histórica vinculada al Partido Revolucionario Moderno (PRM). En la práctica, el mensaje aportó dos datos concretos donde antes había conjeturas.

Alburquerque estaba ingresado en un centro médico de Nueva York y se encontraba en condiciones de recibir visitas y sostener conversación. Ese detalle desinfló el tono alarmista que se imponía en redes y obligó a reordenar la conversación pública alrededor de hechos y no de suposiciones. Aunque deja en manos de Dios la recuperación del dirigente.

La inquietud se había acelerado tras versiones difundidas en programas y redes, atribuidas al comunicador Julio Martínez Pozo y replicadas por cuentas de alto alcance. Esos reportes describieron un cuadro delicado y señalaron que Alburquerque padece cáncer de hígado, sin que mediara un parte médico oficial disponible al público.

La combinación de información incompleta y alta emoción colectiva hizo el resto. Bastó un recorte de video y publicaciones en cadena para que una preocupación legítima se mezclara con lecturas extremas, desde el sensacionalismo hasta el silencio prudente. 

A la par, otra figura de primera línea reforzó la idea de que el dirigente mantenía ánimo y lucidez. Guido Gómez Mazara informó que visitó a Alburquerque antes de regresar al país y lo describió “lleno de fe” y con “la brillantez acostumbrada”. Sin entrar en detalles clínicos, su testimonio coincidió con el del cónsul en lo esencial. Hubo conversación, hubo estado de ánimo y, aunque la situación se presentaba delicada, no existía el vacío informativo que alimentaba las conjeturas más extremas. 

El episodio volvió a evidenciar un patrón que se repite en la conversación pública dominicana, dentro y fuera del país. La salud de líderes visibles se transforma en un campo fértil para versiones sin confirmar, a veces por ansiedad colectiva y otras por intereses menos visibles. En ese escenario, la verificación suele depender de terceros con acceso personal, no de canales institucionales claros y constantes.

El resultado es predecible. El público queda atrapado entre la preocupación, el rumor y la necesidad de certezas en tiempo real, justo cuando el tema exige cautela.

La intensidad del interés también se explica por quién es Ramón Alburquerque. Nacido en Monte Plata el 5 de junio de 1949, ingeniero químico de formación, fue senador por su provincia, Monte Plata,  en varios períodos y presidió el Senado en tres ocasiones. Su trayectoria incluye responsabilidades en áreas estratégicas del Estado y una presencia sostenida en el debate político dominicano, con un perfil técnico y una voz crítica que lo convirtieron en figura reconocible más allá de su militancia. 

Su nombre quedó asociado, además, a un episodio que marcó el imaginario político dominicano. La expresión “Entren to’ coño”, pronunciada en enero de 1999 durante un forcejeo con fuerzas de seguridad en un conflicto institucional, se transformó con el tiempo en símbolo de confrontación y carácter.

Años después, la historia detrás de esa frase siguió reapareciendo en campañas y debates, como recordatorio de una época de choques y de un político que, para bien o para mal, no suele pasar inadvertido. 

Tras la publicación de Chú Vásquez, varios medios replicaron la información sobre el posible traslado a la República Dominicana este mismo lunes. Ese dato no describe la complejidad médica del caso, pero sí sugiere que existía un plan de movimiento y acompañamiento.

Lo que permanece sin precisión pública es el alcance real del diagnóstico y la evolución reciente, asuntos que suelen pertenecer al ámbito privado salvo que el propio paciente o su familia decidan lo contrario. 

Por ahora, lo verificable está en lo que afirmaron quienes lo vieron. Alburquerque estaba ingresado en Nueva York, recibió visitas, conversó y, según las publicaciones difundidas, se preparaba para retornar a su país. En tiempos donde el clic se confunde con certeza, la jornada deja una conclusión simple.

 Antes de compartir, toca verificar. Y mientras la política hace sus lecturas, la ciudadanía insiste en una sola, la más humana, que se restablezca pronto y encomendarlo a Dios, el Gran Arquitecto del Universo!

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