Dirigente Antonio Almonte apoya separar partido y gobierno, volver a las bases del PRM y ganar en 2028

Boston, Massachussets.- La voz al otro lado de la línea fue la de Antonio Almonte, presentado en la entrevista exclusiva para El Faro Latino como dirigente del PRM y cónsul general dominicano en Boston. En el transcurso de la llamada, su discurso fue construyendo una idea central que atraviesa al partido oficialista dentro y fuera del país. El Partido Revolucionario Moderno (PRM), dijo, llegó al poder y se convirtió en una organización dominante, pero esa condición lo obliga a profesionalizar su dirección, reconectarse con sus bases y blindarse contra una amenaza que no negocia con ideologías, el narcotráfico.
El punto de partida fue una frase que agitó el debate interno en la diáspora. Las declaraciones del cónsul dominicano en Nueva York, Jesús Chú Vásquez Martínez, sobre que los nuevos dirigentes del PRM que serán electos en 2026 no deberían ocupar puestos públicos en la administración. Almonte no esquivó el tema. Arrancó reivindicando el peso político de Chú Vásquez dentro del partido y lo colocó como figura fundacional de la victoria del 2020 y 2024.
- Cónsul Antonio Almonte conversa con el presidente Luis Abinader
“Yo comparto plenamente las preocupaciones del compañero Chú”, dijo. Desde ahí, Almonte abrió una panorámica que buscó explicar por qué, a su juicio, la dirección partidaria no puede vivir con un pie en el Gobierno y el otro en la maquinaria interna. Describió al PRM como un partido que ya no opera solo en clave electoral, sino como fuerza que conduce, administra y define agenda nacional. En su visión, esa transición eleva el nivel de exigencia y, al mismo tiempo, expone grietas que antes podían esconderse.
“El PRM es una organización política dinámica, cambiante y con muchos retos. Como partido líder, pasó a ser una organización de liderazgo social, político y económico del Estado”.
- Cónsul de Nueva York, Jesús Vásquez Matinez
La frase siguiente colocó el marco de su argumento. Un partido que gobierna, explicó, debe crear capacidades permanentes, equipos que analicen economía, educación, migración, relaciones internacionales, cohesión interna y estrategias electorales. No como tarea eventual, sino como músculo constante. Y para eso, insistió, se necesita tiempo completo.
“El partido debe tener un tinglado de dirigentes de alto nivel dedicados casi el 100 por ciento a las tareas del partido”.
En esa lógica, rechazó como inviable que un ministro o un alto funcionario pueda dirigir, en paralelo, el proceso de renovación y expansión de la organización. Lo dijo sin matices. No es verdad que ningún ministro, con todas las responsabilidades pesadas de la administración pública, puede llevar en paralelo las responsabilidades del partido.
Luego aterrizó su acuerdo con la propuesta de Chú Vásquez en un punto concreto. La dirección partidaria debe estar diseminada territorialmente, conectada con provincias, municipios y distritos. Para Almonte, ese diseño permitiría algo que hoy muchos perremeístas reclaman, el reencuentro con las bases.
Eso da lugar a un reencuentro con las bases, con el sentir de los dirigentes medios y los cimientes del partido. Estoy completamente de acuerdo.
Cuando la entrevista giró hacia el respaldo político a la gestión presidencial, Almonte evitó el tono de reproche directo. Dijo que la dirigencia ha sido leal al presidente Luis Abinader, a quien calificó de prudente en el ejercicio del poder. Pero de inmediato agregó una exigencia que funciona como llamado interno.
Su planteamiento no fue solo defender al Gobierno desde la estructura, sino convertir a cada dirigente en promotor activo, en generador de relato, en puente entre barrio y dirección nacional. Usó una expresión que revela cómo piensa el problema de comunicación política, pedagogía gubernamental. Relatos breves, bien estructurados, que no salgan del Palacio sino del propio partido, alimentados por el pulso del territorio.
“La defensa del gobierno se puede hacer con observaciones, reconocimiento, con propuestas y dar la cara por cada acción en los barrios, en las calles”, dijo.
En ese tramo, insistió en que el PRM debe organizar unidades internas que recojan preocupaciones de las bases y las suban a la Dirección Nacional Ejecutiva para traducirlas en propuestas concretas. Una operación de ida y vuelta. Territorio, discusión interna, propuesta, acción pública.
La queja de la diáspora y la demanda de puestos
Cuando se abordó el malestar de perremeístas fuera del país y en República Dominicana por la desconexión entre la alta dirigencia y la base, Almonte reconoció el reto, pero colocó una explicación que suele aparecer en los partidos que gobiernan, la demanda siempre supera la oferta.
En su lectura, el presidente Abinader ha hecho nombramientos amplios de dirigentes del partido en ministerios y direcciones, lo que ha servido como vía de comunicación con el tejido partidario. Sin embargo, dijo, el problema muchas veces no es la ausencia de canales, sino la falta de comunicación efectiva. Y cuando no se administra esa expectativa, se produce una narrativa peligrosa, la percepción de discriminación interna. “Es esencial que los dirigentes en las demarcaciones sepan explicar con claridad que habrá rotación y que la espera es esencial”.
El ejemplo que eligió fue personal. Recordó su paso por Energía y Minas y sostuvo que escuchó a dirigentes decir que nadie dio tanto espacio de trabajo como él, pero admitió un límite que no quiso maquillar. “Hay muchos compañeros a los que no pude ayudar. Satisfacer la demanda de empleos a todo el mundo es una tarea muy difícil, por no decir imposible”.
El narcotráfico, la infiltración y la respuesta
La entrevista subió de tono cuando se tocó el tema más sensible para cualquier partido de gobierno, la infiltración del narcotráfico. Almonte se apoyó en una tesis contundente, el PRM y el Gobierno de Abinader serían los que más han combatido el narcotráfico, y la prueba, según él, estaría en la reacción institucional cuando se detecta una figura infiltrada.
Ha sido separado e incluso entregado en extradición o sometido a la justicia inmediatamente.
Aun así, su explicación no se quedó en el orgullo partidario. Describió el fenómeno como una dinámica de poder que busca acercarse al partido que puede ganar o que ya gobierna, no por afinidad política sino por cálculo económico y de supervivencia.
“El narcotráfico es una realidad que existe en la sociedad y que se mueve de acuerdo a cálculos económicos, no cálculo político”. Y remató con una frase que funciona como advertencia para cualquier estructura política, grande o pequeña. Se pueden evitar muchos, pero algunos siempre se cuelan, porque quienes dirigen esas redes no son los vendedores de esquina, sino individuos con recursos, capacidad y estrategia para permear organizaciones, incluso sin que los partidos lo sepan. “Lo importante aquí no ha sido que ellos ingresen a los partidos, sino cuál ha sido la actitud del partido y del presidente con relación a esos narcos que se puedan infiltrar”.
Independencia del Ministerio Público y un Ministerio de Justicia
En el cierre, Almonte conectó el combate al narcotráfico con un tema institucional de fondo. Presentó como parte de la respuesta del Gobierno el impulso a cambios para fortalecer la independencia del Ministerio Público y, al mismo tiempo, reorganizar funciones estatales vinculadas a la justicia mediante la creación de un Ministerio de Justicia.
En su relato, la ruta incluye una reforma constitucional para que el Procurador General sea escogido por el Consejo Nacional de la Magistratura, a propuesta del presidente, como fórmula para reducir la influencia directa del Poder Ejecutivo sobre esa jefatura. Y en paralelo, dijo, la creación de un Ministerio de Justicia serviría para aliviar cargas administrativas que hoy recaen en el Ministerio Público. “Todas estas son medidas serias para separar la delincuencia, el narcotráfico y adecentar la política en la República Dominicana”.
Una entrevista que deja una línea divisoria
La conversación, aunque telefónica, dejó una división clara entre dos tipos de partido. El partido que se administra como extensión del Estado, con dirigentes repartidos entre responsabilidades públicas y conducción interna, y el partido que, según Almonte, necesita profesionalizarse como organización, construir capacidades de análisis, escuchar a sus bases y producir discurso propio que sostenga la gestión, como lo está haciendo el PRM.
Su fidelidad a Chú Vásquez en el debate sobre la dirección partidaria, su llamado a militar más la defensa del Gobierno y su tesis sobre la respuesta rápida ante infiltraciones, trazan una narrativa que busca responder a una pregunta que hoy recorre la diáspora y el país.
¿Puede un partido que gobierna funcionar como si estuviera en campaña permanente sin pagar el precio de la desconexión, la improvisación y la vulnerabilidad frente a poderes ilegales?
Almonte respondió a su manera. Con una idea repetida en distintas formas durante toda la entrevista. El liderazgo no se improvisa. Se dedica. Se organiza. Y se defiende con estructura, no solo con consignas.



















