EE.UU evalúa un ataque inminente contra Irán este fin de semana

La revelación de que Estados Unidos ha advertido a un aliado regional sobre un posible ataque inminente sitúa la relación entre Washington y Teherán en uno de sus momentos más tensos de los últimos años.
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Nueva York.– Altos funcionarios militares de Estados Unidos informaron a un aliado clave en Medio Oriente que el presidente Donald Trump podría autorizar un ataque militar contra Irán en cuestión de días, incluso tan pronto como este fin de semana. La advertencia, confirmada por múltiples fuentes a Drop Site News, ha elevado de forma significativa la tensión regional y ha activado una frenética diplomacia de último momento para evitar una confrontación de gran escala.

Según la información publicada por el medio, el escenario que se discute en los círculos de seguridad de Washington va mucho más allá de un golpe limitado contra instalaciones nucleares o programas de misiles. Un ex alto funcionario de inteligencia estadounidense, con vínculos de asesoría informal con la administración Trump y gobiernos árabes, explicó que la planificación contempla ataques dirigidos directamente contra el liderazgo iraní, con el objetivo de provocar un colapso interno del régimen.

De acuerdo con esta fuente, la estrategia incluye bombardeos contra instalaciones nucleares, balísticas y militares, pero también acciones destinadas a neutralizar a la Guardia Revolucionaria Islámica, considerada uno de los pilares del poder político y económico de Irán desde la revolución de 1979.

En el entorno de Trump, sostiene la fuente, existe la convicción de que un golpe decisivo contra la cúpula militar y política podría desencadenar protestas masivas y abrir el camino a un cambio de gobierno.

En ese cálculo estratégico aparece de manera explícita el rol de Benjamin Netanyahu. Según el ex funcionario de inteligencia citado por Drop Site News, el primer ministro israelí respalda activamente la posibilidad de un ataque y ha transmitido a Trump que Israel estaría en condiciones de colaborar en la instalación de un gobierno iraní alineado con los intereses occidentales.

Dos altos responsables de inteligencia árabes confirmaron al medio que han recibido información coincidente sobre la inminencia de un ataque estadounidense. La advertencia llega en un momento particularmente delicado, cuando varios países de la región intentan abrir canales de diálogo para evitar una escalada que podría arrastrar a todo Medio Oriente a un conflicto prolongado.

Durante la última semana, gobiernos regionales han impulsado gestiones diplomáticas discretas para facilitar contactos indirectos entre Washington y Teherán. El viernes, el canciller iraní Abbas Araghchi se reunió con autoridades turcas en un intento por avanzar hacia una posible salida negociada.

Entre las propuestas en discusión figura la creación de un canal trilateral que incluya a representantes de Irán, Estados Unidos y Turquía, con el objetivo de frenar una ofensiva militar.

Al mismo tiempo, actores clave del Golfo han marcado límites claros. Arabia Saudita descartó permitir el uso de su espacio aéreo para un ataque contra Irán, decisión comunicada durante una llamada entre el príncipe heredero Mohammed bin Salman y el presidente iraní Masoud Pezeshkian. Los Emiratos Árabes Unidos anunciaron una postura similar, al negar el uso de su espacio aéreo o de sus aguas territoriales para cualquier acción militar.

Desde Washington, el silencio institucional contrasta con las declaraciones del propio Trump. El Comando Central de Estados Unidos declinó comentar la información, mientras la Casa Blanca remitió a palabras pronunciadas por el presidente en el Despacho Oval, donde afirmó que una importante fuerza naval estadounidense se dirige actualmente hacia Irán, sin confirmar si Teherán ha recibido un ultimátum formal.

Las respuestas desde Irán han sido directas y contundentes. El portavoz militar iraní Mohammad Akraminia advirtió en televisión nacional que cualquier ataque estadounidense no se desarrollará como una operación rápida y limitada. Según afirmó, un conflicto de ese tipo se extendería por toda la región y alcanzaría tanto a Israel como a los países que albergan bases militares estadounidenses, todos dentro del alcance de misiles y drones iraníes.

Funcionarios iraníes han reiterado que una ofensiva dirigida contra su liderazgo provocaría represalias sin precedentes. Las respuestas incluirían ataques contra instalaciones militares de Estados Unidos, infraestructura energética regional y objetivos estratégicos israelíes. En una audiencia reciente ante el Senado, el secretario de Estado Marco Rubio reconoció que entre 30,000 y 40,000 soldados estadounidenses están desplegados en bases de Medio Oriente, muchos de ellos potencialmente expuestos en caso de guerra.

Desde el inicio de la guerra en Gaza en octubre de 2023, Irán había optado por una estrategia de contención. Teherán respondió de manera limitada a ataques previos y, en varios casos, comunicó con antelación sus represalias para evitar una escalada descontrolada. Ese patrón se repitió tras asesinatos selectivos y durante el conflicto de doce días en junio de 2025, cuando Irán atacó una base estadounidense en Catar luego de advertir previamente por canales indirectos.

Sin embargo, analistas citados por Drop Site News sostienen que esa política ha sido abandonada. El académico iraní Foad Izadi señaló que sectores del nuevo liderazgo militar consideran que la moderación no logró disuadir a Estados Unidos ni a Israel. Según Izadi, existe la determinación de responder con una fuerza mucho mayor en caso de nuevos ataques, ante lo que describió como una amenaza constante contra la soberanía del país.

Pese al endurecimiento del discurso, Irán mantiene abierta la puerta diplomática. Desde Estambul, Araghchi afirmó que Teherán está dispuesto a retomar conversaciones con Estados Unidos sobre su programa nuclear, siempre que no se realicen bajo la amenaza del uso de la fuerza. Al mismo tiempo, dejó claro que las capacidades defensivas y el programa de misiles del país no serán objeto de negociación.

La revelación de que Estados Unidos ha advertido a un aliado regional sobre un posible ataque inminente sitúa la relación entre Washington y Teherán en uno de sus momentos más tensos de los últimos años. Mientras los esfuerzos diplomáticos avanzan contrarreloj, la región observa con creciente preocupación un escenario en el que cualquier error de cálculo podría desencadenar un conflicto de consecuencias imprevisibles.

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