Eligio Jáquez se suma al llamado del PRM y pide dirección a tiempo completo

Nueva York.- En una conversación telefónica gestionada por El Faro Latino, Eligio Jáquez, excónsul dominicano en Nueva York y alto dirigente del Partido Revolucionario Moderno (PRM), se sumó al debate que atraviesa al oficialismo; si la nueva dirección que será escogida en 2026 debe o no ocupar cargos de alto nivel en el Estado.
Su respuesta fue tajante. Dijo que coincide con Jesús Chú Vásquez Martínez, cónsul dominicano en Nueva York, y con Antonio Almonte, cónsul dominicano en Boston. Con Jáquez, ya son tres dirigentes de peso empujando una misma línea, separar partido y gobierno para organizarse con disciplina rumbo al 2028.
- Cónsul en Boston, Antonio Almonte
- Cónsul en Nueva York, Chú Vásquez.
El argumento de Jáquez es práctico, el tiempo manda. A su juicio, cuando el presidente del partido y la secretaría general cargan con responsabilidades públicas, la agenda oficial se impone y el partido paga la factura con una atención precaria cuando más necesita dirección, presencia y respuesta. Un partido que gobierna, insistió, no puede administrarse por ratos.
La entrevista tomó otro ángulo cuando se le pregunté si también respaldaría que los precandidatos presidenciales se aparten de cargos públicos para dedicarse por completo a sus campañas, incluyendo a funcionarios electos. Jáquez recordó que el propio presidente Luis Abinader se refirió a ese tema en otra ocasión y dijo que percibe una opinión bastante generalizada favorable a esa determinación. Ser aspirante y ser funcionario al mismo tiempo, sostuvo, puede traer dificultades. Lo ideal, afirmó, es prevenir y que todos estén en la misma condición al salir a la calle, incluyendo a los electos si desde sus cargos tienen acceso a manejos administrativos.
- Algunos precandidatos del PRM
Más que un reproche, Jáquez lo describe como un modelo de trabajo. Propone que las áreas clave del PRM funcionen como empleos a tiempo completo dentro del partido. Mencionó la presidencia, la secretaría general y frentes estratégicos como organización electoral, juventud y mujeres. La premisa es sencilla: sin dedicación exclusiva, la estructura se debilita.
En ese punto llevó la discusión a un plano institucional. Recordó que la Junta Central Electoral (JCE) asigna presupuesto a los partidos y sostuvo que ningún uso sería más justificado que pagar salarios decentes a la dirección principal y a los responsables de áreas estratégicas. La meta, dijo, es garantizar una operatividad permanente, disponible para la militancia dentro y fuera del país.
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El enfoque coincide con la línea que Chú Vásquez y Almonte han defendido; que las autoridades partidarias que sean escogidas en 2026, salvo el presidente, no deben ser funcionarios públicos y deben dedicarse por entero a la organización.
Consultado sobre la percepción de que Abinader se defiende solo, Jáquez evitó el dramatismo. Reconoció que en un partido con más de un millón de militantes siempre habrá disparidad de criterios. Pero sostuvo que, cada vez que el presidente ha necesitado apoyo, lo ha tenido de la militancia y de la dirigencia, siempre ha estado respaldado. Admitió que a veces sobresalen expresiones aisladas que dan sensación de discrepancia, sin que eso implique ruptura.
No habrá convención interna y se repetirá el método del 2022
Jáquez también defendió el método organizativo que, según su relato, le ha dado estabilidad al PRM. Señaló 2022 como un punto de giro. Dijo que el partido interpretó su mandato estatutario de renovación y optó por el consenso para mantener en sus cargos a la inmensa mayoría de dirigentes que habían cumplido.
Habló de alrededor de 1,300 organismos partidarios entre estructuras municipales, distritales, provinciales, regionales, zonales y seccionales del exterior, además de frentes de masa. En su relato, ese consenso se extendió a 2023 para la selección de candidaturas y terminó reflejándose en 2024. Mencionó porcentajes altos de control institucional y subrayó un dato revelador sobre que el PRM habría obtenido 307,000 votos más que en 2020. Para Jáquez, esa ganancia se reparte entre el desempeño del presidente y el trabajo del partido.
Con esa lectura, el 2026 se convierte en otro examen. Jáquez dijo que el objetivo es repetir la fórmula; renovar estructuras sin fractura y llegar a 2028 con una dirección partidaria que no dependa de ratos libres entre compromisos oficiales, sino de una conducción pagada, presente y conectada.
Al final, el mensaje quedó resumido en una convergencia. Chú Vásquez y Almonte empujan la separación entre partido y gobierno como decisión estratégica. Jáquez se suma con un argumento operativo; si el PRM quiere gobernar y competir a la vez, su dirección no puede ser un cargo honorífico. Tiene que ser un trabajo.




















