¿Existe el cielo? La ciencia podría revelar dónde se encuentra el reino eterno de Dios

A partir de estas premisas, Guillén concluye que resulta razonable, desde un punto de vista especulativo, considerar cuatro ideas,  que el cielo esté “arriba”, más allá del universo visible; que sea inaccesible para los mortales mientras viven; que esté habitado por seres inmateriales y atemporales; y que sea la morada de un creador anterior al universo mismo, tal como describe la Biblia.
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La pregunta no surgió en un laboratorio ni en un observatorio astronómico, sino en la voz curiosa de un niño de cuatro años. “¿Se puede ir al cielo en coche?”, preguntó el hijo de Michael Guillén a sus padres. Una ocurrencia infantil, aparentemente ingenua, pero que encierra una de las interrogantes más antiguas de la humanidad: ¿dónde está exactamente el cielo?

Esa pregunta, tan simple como profunda, sirve de punto de partida para la reflexión que Guillén, físico, matemático y divulgador científico, planteó recientemente en una columna publicada en Fox News. Lejos de presentar un hallazgo empírico, el autor propone una especulación que cruza cosmología moderna y teología bíblica.

Desde su formación científica, Guillén subraya la importancia de las definiciones. Según la Biblia, explica, existen distintos niveles del “cielo”. El más bajo corresponde a la atmósfera terrestre; el intermedio, al espacio exterior; y el más alto, el que ocupa el centro del debate, sería la morada de Dios.

Numerosos pasajes bíblicos describen a Dios “arriba”, observando hacia abajo a la humanidad. A partir de esa imagen recurrente, Guillén plantea un ejercicio mental que establece que si una persona viajara directamente “hacia arriba”, adentrándose en el espacio profundo a bordo de un hipotético cohete de propulsión nuclear, ¿existiría un punto suficientemente alto como para alcanzar el cielo?

La idea, que podría parecer descartable en un primer momento, adquiere matices cuando se introduce uno de los pilares de la cosmología moderna. En 1929, el astrónomo Edwin Hubble descubrió que las galaxias se alejan unas de otras, y que cuanto más distante se encuentra una galaxia de la Tierra, mayor es la velocidad a la que se aleja; ese patrón, conocido como la Ley de Hubble, sentó las bases de la teoría de la expansión del universo.

Guillén lleva ese razonamiento al extremo teórico. De acuerdo con los cálculos derivados de dicha ley, una galaxia situada a unos 273 billones de billones de millas de la Tierra se desplazaría a la velocidad de la luz, aproximadamente 186,000 millas por segundo. Esa distancia límite recibe el nombre de Horizonte Cósmico.

El horizonte cósmico representa una frontera infranqueable. Según la teoría de la relatividad especial de Albert Einstein, ningún objeto material puede viajar a la velocidad de la luz. En consecuencia, ningún ser humano podría alcanzar ese límite, ni siquiera con la tecnología más avanzada imaginable.

Es precisamente allí donde Guillén introduce su especulación central. El cielo podría estar situado más allá del horizonte cósmico.

El argumento se apoya en varios puntos derivados de la cosmología contemporánea. Primero, las teorías actuales sostienen que existe un universo más allá del horizonte cósmico, aunque permanezca oculto para siempre a nuestra observación. Segundo, las observaciones astronómicas y la relatividad indican que, en ese límite extremo, el tiempo deja de existir tal como lo conocemos; no hay pasado, presente ni futuro, solo atemporalidad.

A diferencia del tiempo, el espacio sí existiría en esa región y más allá, lo que abriría la posibilidad de un ámbito “habitable”, aunque únicamente para entidades no materiales, comparables a la luz. Además, los objetos más antiguos del universo observable se encuentran cerca de ese horizonte, lo que sugiere que lo que exista más allá sería anterior incluso al Big Bang, anterior al inicio del universo tal como lo entendemos.

A partir de estas premisas, Guillén concluye que resulta razonable, desde un punto de vista especulativo, considerar cuatro ideas,  que el cielo esté “arriba”, más allá del universo visible; que sea inaccesible para los mortales mientras viven; que esté habitado por seres inmateriales y atemporales; y que sea la morada de un creador anterior al universo mismo, tal como describe la Biblia.

Michael Guillén posee doctorados en física, matemáticas y astronomía por la Cornell University, enseñó física en la Universidad de Harvard y fue editor científico de ABC News. En la actualidad produce una película basada en su libro más reciente, Believing Is Seeing, y publica contenidos en la plataforma Substack.

Su planteamiento, publicado como columna de opinión, no pretende probar científicamente la existencia del cielo ni definir el destino del alma humana, sino abrir un espacio de reflexión donde la ciencia moderna y la fe dialogan sin confundirse.

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