PRM enfrenta agitación interna por exclusión de dirigentes y bases en el gobierno.

Mientras tanto, Abinader ha hecho concesiones a ciertos grupos que, a su juicio, son necesarios para mantener la estabilidad de la coalición, lo que ha generado malestar entre los sectores más puristas o ideológicamente comprometidos del PRM.
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Nueva York: Después de haber ganado las elecciones presidenciales y municipales del 2024, el Partido Revolucionario Moderno (PRM) se enfrenta a uno de sus mayores retos y desafíos internos ante el disgusto generalizado de una enorme reserva de dirigentes medios y las bases por la inclusión en los puestos de trabajo en el gobierno del presidente Luis Abinader.

Aunque ganó las elecciones, el mayor problema interno todavía no ha sido resuelto que es el descontento de los dirigentes medios y las bases. La agitación interna en el partido oficialista parece incrementarse y se cree que muchos dirigentes se cruzaron de brazos, por lo que el PRM debió valerse de una alianza del 21 partidos para poder ganar en 2024.

El disgusto interno dentro del PRM por las exclusiones en puestos de trabajo en el gobierno de Luis Abinader es un fenómeno complejo que refleja las tensiones inherentes al ejercicio del poder político en un partido en crecimiento. Desde su ascenso al poder en 2020, Abinader ha tenido que equilibrar las demandas de los diferentes sectores de su partido y las expectativas de sus aliados, sin mencionar las exigencias de la sociedad que reclama resultados.

Una de las principales críticas que han surgido dentro del PRM es el aparente favoritismo y las decisiones poco claras sobre la asignación de cargos en el gobierno. En muchos casos, figuras importantes del PRM se sienten desplazadas, ignoradas o insuficientemente recompensadas por su apoyo durante la campaña.

Mientras tanto, Abinader ha hecho concesiones a ciertos grupos que, a su juicio, son necesarios para mantener la estabilidad de la coalición, lo que ha generado malestar entre los sectores más puristas o ideológicamente comprometidos del PRM.

El descontento se intensifica por el hecho de que muchos militantes sienten que los nombramientos no siempre responden a criterios de meritocracia o de competencia profesional, sino más bien a pactos políticos que favorecen a familiares, amigos o figuras con menos experiencia en la gestión pública. Esto ha provocado roces entre los más leales al partido, que ven en estas inclusiones una traición a los principios de cambio y renovación que impulsaron al PRM.

A medida que el gobierno avanza en su segunda gestión, esta tensión podría volverse más pronunciada, ya que no hay señales claras de que Abinader tenga una solución definitiva a la disconformidad interna. Si bien el presidente ha intentado hacer un balance entre los intereses del partido y la necesidad de gobernar con eficacia, el malestar de los sectores más críticos podría volverse un problema serio, especialmente de cara a las próximas elecciones.

Los rumores sobre «grupos de presión» dentro del PRM que exigen más inclusión o un mejor trato para ciertos sectores, junto con la constante rivalidad interna, podrían desestabilizar aún más la estructura del partido. En definitiva, el manejo de los nombramientos y las inclusiones en el gobierno de Abinader ha generado una grieta interna en el PRM que podría tener repercusiones tanto a nivel de cohesión partidaria como en la capacidad del futuro candidato para mantener un liderazgo sólido en 2028.

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