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Trump ignora barricada de Lula y concentra su discurso de la ONU en la grandeza de EE.UU.

Trump dejó, sin embargo, una puerta abierta. Predijo que Washington y Teherán podrían llegar a un acuerdo después de las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre y pidió a otros países aumentar el aislamiento económico de…

Trump ignora barricada de Lula y concentra su discurso de la ONU en la grandeza de EE.UU.
Abogado Enrique Rosario - inmigracion

NUEVA YORK.- Donald Trump subió este martes a la tribuna de Naciones Unidas después del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y evitó responder directamente al tono de confrontación política que había marcado buena parte de la intervención del mandatario sudamericano. En lugar de entrar en aquel terreno, convirtió sus aproximadamente 35 minutos ante la Asamblea General en una defensa frontal del poder de Estados Unidos, de sus decisiones militares y de una política exterior construida alrededor de la idea de que Washington volverá a actuar con fuerza cuando considere amenazados sus intereses.

El momento más áspero llegó con Irán. Trump defendió la guerra iniciada contra la República Islámica y aseguró que la ofensiva estadounidense había impedido que Teherán avanzara hacia un arma nuclear, acusación que el gobierno iraní continúa negando. Luego lanzó una advertencia que terminó dominando la cobertura internacional de su discurso. Dijo que deberá decidir entre alcanzar un acuerdo que permita a Irán reconstruirse o aniquilar a la República Islámica si no hay entendimiento. Buena parte de la delegación iraní abandonó el salón mientras hablaba.

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Trump dejó, sin embargo, una puerta abierta. Predijo que Washington y Teherán podrían llegar a un acuerdo después de las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre y pidió a otros países aumentar el aislamiento económico de Irán para obligarlo a negociar.

El presidente estadounidense utilizó buena parte de su intervención para presentarse como un gobernante que actúa mientras otros líderes solamente hablan. Reivindicó la creación de empleos, el descenso de la inmigración ilegal y los resultados de su política de seguridad antes de proyectar esa misma narrativa hacia el escenario internacional. Ante decenas de jefes de Estado sostuvo que Estados Unidos había demostrado poder, decisión y capacidad para enfrentar amenazas que otros gobiernos dejaron crecer durante años.

La idea atravesó todo el discurso. Trump describió a Estados Unidos como la nación más extraordinaria de la historia y aseguró que no está dispuesto a permitir que los problemas se acumulen hasta convertirse en amenazas mayores. Presentó la fuerza militar estadounidense como una herramienta indispensable de esa doctrina y sostuvo que su administración ha utilizado el poder del país para resolver conflictos que consideró abandonados por gobiernos anteriores.

América Latina también apareció dentro de esa visión.

Trump reivindicó la intervención estadounidense en Venezuela y señaló que Washington no permitirá que amenazas contra Estados Unidos obtengan posiciones estratégicas dentro del hemisferio occidental. La formulación mostró una diferencia marcada con el discurso pronunciado minutos antes por Lula, quien había defendido la soberanía latinoamericana y rechazado cualquier intervención extranjera en los asuntos regionales. Trump no mencionó al mandatario brasileño ni respondió directamente a esas declaraciones.

El Ártico ocupó otro espacio importante. Trump anunció que Estados Unidos ampliará su presencia militar en Groenlandia mediante un acuerdo con Dinamarca y las autoridades groenlandesas, incluyendo la construcción prevista de dos grandes bases militares. Groenlandia continuará perteneciendo a Dinamarca bajo el acuerdo anunciado.

Su discurso también se apartó de las advertencias internacionales sobre inteligencia artificial y cambio climático. Trump cuestionó las predicciones más alarmistas sobre ambas materias y volvió a presentar el desarrollo tecnológico como una oportunidad que Estados Unidos pretende liderar. Incluso propuso comenzar a llamar a la inteligencia artificial superinteligencia.

Así quedaron frente a frente dos discursos separados por pocos minutos.

Lula había llevado hasta la ONU una defensa del multilateralismo, la soberanía regional, Gaza y la transición climática. Trump utilizó la misma tribuna para hablar de fuerza militar, poder estadounidense, Irán, seguridad hemisférica y capacidad de acción.

No hubo una réplica directa entre ambos presidentes. Pero la sucesión de los dos discursos dejó expuestas dos maneras diferentes de mirar el mundo desde el mismo escenario de Naciones Unidas.

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