Hace apenas unos días descubrí algo que me dejó profundamente conmovido. Mientras yo libraba la batalla más difícil de mi existencia, una investigación académica publicada por el Observatorio del Instituto Cervantes en la Facultad de Artes y Ciencias de Harvard University evaluaba a El Faro Latino y lo situaba entre los principales cibermedios hispanos de los Estados Unidos, muy a pesar de que no éramos en ese momento ni el 10% de lo que somos hoy. Yo nunca llegué a enterarme.
En aquellos meses, mi realidad era completamente distinta.
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Tras un grave accidente de tránsito, fui trasladado de emergencia alHartford HealthCare Hospital de Connecticut. Mis dos pies fueron amputados. Durante siete meses permanecí hospitalizado, sometido a múltiples cirugías y enfrentando una agresiva infección bacteriana que puso mi vida en peligro. Aquella larga lucha por sobrevivir fue seguida por diversos medios de comunicación de la comunidad latina en Estados Unidos y la República Dominicana.
Mientras médicos, cirujanos y especialistas hacían todo lo posible por salvar mi vida, yo no tenía idea de que, al mismo tiempo, académicos analizaban el trabajo que durante años habíamos realizado en El Faro Latino.
Ver artículo relacionado: Harvard sitúa a El Faro Latino entre los principales cibermedios hispanos de EE. UU.
El estudio, titulado Cibermedios hispanos en los Estados Unidos 2019: evolución, calidad e impacto, identificó inicialmente 571 cibermedios hispanos en Estados Unidos. Tras aplicar una rigurosa metodología, seleccionó una muestra final de 249 medios digitales y los evaluó mediante 21 indicadores relacionados con la calidad periodística y el desarrollo digital. Dentro de esa clasificación, El Faro Latino, no solo sobrevivió, sino que, ocupó el puesto número 69.
Durante aquellos siete meses nunca pregunté por rankings, reconocimientos ni estudios académicos. Mi única preocupación era volver a abrazar a mi esposa, a mis hijos y seguir con vida.
Hoy, al descubrir esta evaluación años después, siento una mezcla de sorpresa, gratitud y humildad. No porque represente un premio, el estudio nunca tuvo ese propósito, sino porque demuestra que el trabajo silencioso de un pequeño periódico de la diáspora fue observado y evaluado por una institución académica independiente, precisamente cuando su fundador atravesaba la etapa más oscura de su vida.
Quizá esa sea la mayor enseñanza.
Los periódicos, cuando están construidos sobre principios y compromiso, trascienden a quienes los dirigen. Mientras yo permanecía inmóvil en una cama de hospital, El Faro Latino seguía hablando por sí mismo.
Y eso, para un periodista que estuvo tan cerca de la muerte, constituye uno de los reconocimientos más significativos que podía recibir.



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