Estados Unidos.– La alimentación diaria puede influir en los niveles de estrés debido a sus efectos sobre la glucosa en sangre, los procesos inflamatorios, el descanso y el estado de ánimo, según especialistas citados en la información disponible.
Cuando una persona atraviesa una situación de presión, el organismo libera cortisol, una hormona relacionada con la respuesta ante el estrés. Si esta activación ocurre con frecuencia, puede repercutir en el sueño, la digestión, el apetito y el estado de ánimo.
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La salud intestinal también forma parte de los factores estudiados. Kathryn Munder señala que cerca del 90% de la serotonina del organismo se produce en el tracto gastrointestinal, por lo que el equilibrio de la microbiota puede estar relacionado con el bienestar emocional.
Entre los alimentos que aumentan el estrés o pueden favorecer algunos de los procesos relacionados se encuentran los alimentos ultraprocesados. Estos suelen contener harinas refinadas, azúcares, grasas poco saludables, sodio y aditivos. Una revisión de 17 estudios con casi 400,000 participantes encontró una asociación entre dietas altas en estos productos y un mayor riesgo de depresión y ansiedad.
Los azúcares añadidos presentes en dulces, galletas, postres y bebidas azucaradas pueden generar incrementos rápidos de glucosa seguidos de descensos. Esas variaciones pueden estar acompañadas de cansancio, irritabilidad y hambre.
Los carbohidratos refinados, entre ellos el pan blanco, las pastas, algunos cereales para el desayuno y productos de bollería, también pueden producir aumentos rápidos del azúcar en sangre y proporcionar energía de corta duración. Los yogures muy endulzados y otros productos procesados con cantidades elevadas de azúcar pueden provocar efectos similares.
La cafeína en exceso puede incrementar la activación del sistema nervioso y perjudicar el descanso. Los especialistas señalan que sus efectos dependen de factores como la cantidad ingerida, el horario de consumo y la sensibilidad individual. Las bebidas energéticas pueden combinar cafeína, otros estimulantes y azúcar, lo que también puede contribuir a una mayor sensación de tensión.
El alcohol puede generar inicialmente una sensación de relajación, pero posteriormente afectar la calidad del sueño y el estado de ánimo. Por esa razón, la sensación de calma que algunas personas experimentan después de consumirlo puede ser temporal.
Los alimentos fritos y la comida rápida también han sido relacionados con procesos inflamatorios y suelen contener cantidades importantes de grasas, sal, azúcar o harinas refinadas. Un estudio de 2023 citado por AARP encontró una asociación entre el consumo habitual de frituras y un 12% más de riesgo de ansiedad y un 7% más de riesgo de depresión. Los edulcorantes artificiales consumidos en exceso también son objeto de investigación por sus posibles efectos sobre las bacterias intestinales.
Como alternativa, los especialistas recomiendan priorizar proteínas de buena calidad, frutas, verduras, legumbres, pescados y frutos secos, además de productos que contribuyan al equilibrio de la microbiota. La alimentación no determina por sí sola el nivel de estrés, pero puede formar parte de los factores relacionados con la respuesta del organismo, el descanso y el bienestar emocional.
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