El Congreso de Estados Unidos aprobó una extensión temporal de la Sección 702 de la Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera (FISA), evitando su expiración inmediata en medio de un clima político profundamente dividido. La medida, adoptada con carácter provisional, busca dar tiempo a legisladores de ambos partidos para negociar una reforma más amplia, aunque las posiciones siguen alejadas.
La Sección 702 permite a las agencias de inteligencia recopilar comunicaciones de extranjeros fuera del país sin orden judicial, pero críticos han señalado que el programa también puede incluir datos de ciudadanos estadounidenses de manera incidental. Organizaciones de derechos civiles y algunos legisladores han advertido que esto representa un riesgo significativo para la privacidad.
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Dentro del Partido Republicano, la división ha sido evidente. Un sector defiende la herramienta como esencial para la seguridad nacional, mientras otro exige mayores salvaguardas judiciales. Los demócratas, por su parte, también están divididos entre quienes apoyan el programa por razones de seguridad y quienes piden reformas estructurales más estrictas.
El resultado refleja una tendencia creciente en Washington: incluso en temas de seguridad nacional, tradicionalmente bipartidistas, el consenso se ha debilitado, obligando a soluciones temporales que posponen decisiones de fondo.

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