NUEVA YORK.— Cada vez que Jefry Yan poncha a un bateador, el montículo deja de parecer un lugar reservado únicamente para la tensión. El lanzador dominicano salta con las piernas abiertas, cae casi en split, golpea el suelo con una mano y celebra el strike como si acabara de ganar el último juego de una final.
La escena se volvió viral mucho antes de que Yan llegara a las Grandes Ligas. Algunos veían un espectáculo. Otros descubrían a un personaje imposible de ignorar. Sin embargo, detrás de aquel salto había algo más profundo: un brazo zurdo capaz de rozar las 100 millas por hora y una historia de 13 años que estuvo cerca de terminar antes de comenzar.
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Jefry Yan nació el 17 de agosto de 1996 en San Rafael del Yuma, República Dominicana. Allí creció con el sueño que acompaña a miles de niños dominicanos: firmar con una organización profesional y utilizar el béisbol como una puerta hacia una vida diferente.
La oportunidad llegó cuando apenas tenía 16 años. El 27 de abril de 2013 firmó como agente libre internacional con los Angelinos de Los Ángeles. Debutó profesionalmente en 2014 con el equipo de la organización en la Liga de Verano Dominicana y regresó al circuito en 2015. En 41 presentaciones como relevista acumuló marca de 6-3, efectividad de 4.22 y 43 ponches en casi 60 entradas.

Entonces apareció el primer gran obstáculo.
En 2016 tuvo que someterse a una cirugía Tommy John para reconstruir el ligamento del codo. Perdió toda la temporada y comenzó una recuperación que no solamente puso a prueba su brazo, sino también la confianza que había construido desde que salió de San Rafael del Yuma.
Yan regresó en 2017, pero su relación con los Angelinos se deterioró después de negarse a aceptar una tercera asignación al complejo dominicano de la organización. Fue colocado en la lista restringida y terminó apartado del béisbol profesional. A los 21 años se encontraba sin un camino claro y con la posibilidad real de que su carrera hubiera terminado.
No hubo un regreso inmediato. Yan se estableció en Arizona y durante varios años trabajó para sobrevivir. Fue repartidor y techador. De día cargaba materiales y subía a los tejados bajo el sol del desierto. Por las noches entrenaba y lanzaba para un equipo semiprofesional llamado Expendables, procurando que el sueño no desapareciera por completo.
En 2017 conoció en un club de Phoenix a María Torres, quien más tarde se convirtió en su esposa. Ella quedó impresionada por su manera de bailar. Aquel detalle revelaba algo que el béisbol todavía no conocía: incluso en los días más difíciles, Yan conservaba la personalidad alegre y eléctrica que después mostraría sobre el montículo.
Su vida cambió nuevamente cuando un cazatalentos de los Marlins de Miami lo vio lanzar en una liga de aficionados. No había cámaras ni grandes tribunas. Solamente un grupo de hombres jugando pelota durante el fin de semana y un brazo que todavía guardaba una oportunidad.
El 29 de abril de 2021, después de varias temporadas fuera del béisbol organizado, Yan firmó un contrato de ligas menores con Miami. Tenía 24 años y pocas garantías, pero respondió con una efectividad de 2.61 y 51 ponches en 31 entradas durante su primera temporada. En 2022 sumó 88 ponches en 57 episodios y, un año después, alcanzó Triple A.
También llevó su energía a las Estrellas Orientales, donde la celebración después de cada ponche comenzó a llamar la atención de los fanáticos dominicanos. En 2024 aceptó el desafío de lanzar en Japón con los Saitama Seibu Lions. Su efectividad de 5.58 no reflejó una temporada dominante, pero la experiencia le permitió continuar avanzando.
Los Rockies de Colorado le ofrecieron un contrato de ligas menores en diciembre de 2024. Durante los entrenamientos de primavera de 2025, Yan ponchó a tres de los cuatro bateadores que enfrentó en un partido ante los Medias Blancas de Chicago. Después de cada ponche saltó, abrió las piernas en el aire y golpeó el terreno. Las imágenes recorrieron Estados Unidos.
Colorado lo dejó libre meses después, pero los Mets de Nueva York le abrieron otra puerta. En 2026, con 29 años, registró efectividad de 3.24 y 77 ponches en 41 entradas y dos tercios entre Doble A y Triple A.
El 5 de agosto llegó finalmente a las Grandes Ligas.
Yan debutó con los Mets ante los Guardianes de Cleveland y lanzó una entrada sin permitir carreras. Cuando consiguió su primer ponche, volvió a saltar y golpeó el suelo como siempre. Esta vez no celebraba únicamente un strike. En aquel movimiento estaban los techos de Arizona, la cirugía, los años olvidado y el niño de San Rafael del Yuma que nunca dejó morir su sueño.



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