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Francisco Juan Ramírez, una voz dominicana que trabaja por su comunidad en Países Bajos

En una comunidad que supera los 18,000 dominicanos, Francisco Juan Ramírez figura entre los dirigentes comunitarios que han acompañado iniciativas destinadas a fortalecer a los emprendedores y mantener unidos a los quisqueyanos residentes en Países Bajos.

Francisco Juan Ramírez, una voz dominicana que trabaja por su comunidad en Países Bajos
Abogado Enrique Rosario - inmigracion

LA HAYA, Países Bajos.- Hay dominicanos que llegan a Europa buscando una oportunidad y, con el paso de los años, terminan convirtiéndose también en un punto de apoyo para quienes llegaron después.

Francisco Juan Ramírez pertenece a ese espacio menos visible de la diáspora. El Consulado General de República Dominicana en La Haya lo identifica como uno de los líderes comunitarios dominicanos que han participado junto a las autoridades consulares en iniciativas de acercamiento con compatriotas establecidos en distintas ciudades de Países Bajos. 

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Su nombre apareció, junto al también dirigente Juan Ozorio, dentro del programa “Un Rinconcito de RD en Países Bajos”, una iniciativa creada para visitar y respaldar negocios levantados por dominicanos lejos de su tierra.

Una de aquellas jornadas llevó a representantes consulares y comunitarios hasta Rotterdam, donde visitaron un restaurante propiedad del emprendedor dominicano Carlos Reyes. La idea detrás del recorrido era sencilla: hacer visibles los pequeños negocios de la comunidad y crear una red más cercana entre quienes han construido su vida en territorio neerlandés. 

Ese trabajo ocurre dentro de una diáspora que ya tiene un peso considerable.

Datos divulgados por autoridades dominicanas sitúan en más de 18,000 los dominicanos residentes en Países Bajos y estiman además la existencia de más de 10,000 familias dominico-neerlandesas. Es una comunidad que ha ido creciendo entre matrimonios mixtos, nuevas generaciones, profesionales, trabajadores y emprendedores. 

En ese escenario, la labor de los dirigentes comunitarios adquiere una dimensión distinta.

No siempre consiste en grandes discursos. A veces comienza acompañando a un comerciante, ayudando a conectar una familia con una institución o reuniendo a dominicanos que viven dispersos entre Ámsterdam, Rotterdam, La Haya y otras ciudades.

La propia memoria institucional del Consulado dominicano señala que en los últimos años se han desarrollado encuentros comunitarios, actividades de integración y proyectos dirigidos a fortalecer la cohesión de los dominicanos residentes en Países Bajos. 

Francisco Juan Ramírez aparece dentro de ese esfuerzo.

Su historia representa una parte de la diáspora que casi nunca ocupa las primeras páginas: hombres y mujeres que no necesariamente tienen un cargo público, pero ayudan a sostener los vínculos de una comunidad que vive lejos de República Dominicana.

En Países Bajos, donde miles de dominicanos han echado raíces, ese liderazgo silencioso también cuenta. Porque una diáspora no se construye solamente con quienes triunfan individualmente. También se construye con quienes deciden mirar hacia el lado y ayudar a que otros avancen.

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