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La asociación que ayudó a los dominicanos a echar raíces en Bélgica

Mucho antes de que la diáspora dominicana tuviera la visibilidad institucional que posee hoy en Europa, una organización comenzó a reunir en Bélgica a compatriotas que necesitaban orientación, apoyo y un lugar donde mantener vivos sus vínculos con República Dominicana.

La asociación que ayudó a los dominicanos a echar raíces en Bélgica
Abogado Enrique Rosario - inmigracion

BRUSELAS, Bélgica.-Llegar a otro país nunca consiste solamente en cruzar una frontera. Después vienen el idioma, los documentos, el trabajo, la escuela de los hijos y esa primera pregunta que tantos inmigrantes se hacen lejos de casa: dónde encontrar a los suyos.

En Bélgica, una parte de esa respuesta comenzó a tomar forma alrededor de la Asociación Social y Cultural Dominicana en Bélgica, una organización sin fines de lucro creada para reunir a dominicanos residentes en el país, sus parejas y también a ciudadanos belgas vinculados con República Dominicana.

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Durante años, la asociación funcionó como un punto de encuentro para una comunidad todavía pequeña y dispersa.

José Gómez Cerda, quien emigró junto a su familia a Bélgica en 1992, presidió la organización entre 1995 y 2004. Su propio testimonio permite reconstruir una etapa en la que los dominicanos comenzaron a desarrollar estructuras comunitarias en un país donde todavía tenían poca representación pública.

La asociación llegó a reunir alrededor de 240 integrantes. La inmensa mayoría eran mujeres: aproximadamente 220, frente a unos 20 hombres, según los datos ofrecidos por Gómez Cerda.

Detrás de esas cifras había historias de migración, matrimonios binacionales, familias que comenzaban de nuevo y dominicanos que necesitaban aprender cómo desenvolverse dentro de una sociedad diferente.

La organización no se limitaba a celebrar actividades sociales. También promovía encuentros educativos y culturales, orientaba a miembros de la comunidad y mantenía relaciones con la Embajada dominicana en Bruselas.

Durante aquella etapa, representantes diplomáticos participaban en actividades de la asociación y se coordinaban reuniones, conferencias y encuentros destinados a mantener la conexión entre los dominicanos y las instituciones de su país.

Entre sus miembros aparecen nombres como Rafael Torres, Arbelis Encarnación, Mario Ángeles, Ana Celenia Alemán y Peggy van Lierde, una ciudadana belga que también se integró activamente a las iniciativas de la organización.

Aquella experiencia comunitaria ocurrió mucho antes de que las embajadas dominicanas comenzaran a desarrollar programas permanentes destinados específicamente a visibilizar a la diáspora.

Hoy ese vínculo tiene otras formas.

En noviembre de 2024, la Embajada dominicana en Bélgica y Luxemburgo reconoció a trece miembros de la comunidad por sus historias de trabajo, integración y aporte a las sociedades donde residen. El programa “Un Café en la Embajada” fue creado precisamente para contar esas trayectorias y acercar nuevamente la representación diplomática a los dominicanos establecidos en esa parte de Europa.

Un año antes, más de 200 dominicanos residentes en Bélgica y Luxemburgo participaron en Bruselas en un encuentro con el presidente Luis Abinader, organizado con el apoyo de dirigentes comunitarios.

Son escenas distintas de una misma historia.

La comunidad que décadas atrás necesitó organizarse para reconocerse entre sí ahora tiene asociaciones, dirigentes, profesionales y familias que forman parte de la vida belga.

Pero antes de esa visibilidad hubo pequeños salones, reuniones, bailes, conversaciones y personas dispuestas a recibir al recién llegado.

Así comenzó a construirse una parte de la presencia dominicana en Bélgica: no desde una institución grande, sino desde una comunidad que entendió temprano que vivir lejos de República Dominicana no significaba tener que hacerlo solo.

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