La comunidad dominicana de Nueva York volvió a exhibir este fin de semana su capacidad de convocatoria durante la Gran Parada Dominicana de El Bronx y el Dominican Taste Festival en el Alto Manhattan. Sin embargo, dos de las actividades culturales más representativas de la diáspora estuvieron atravesadas por un elemento que muchos asistentes identificaron como el principal protagonista de la jornada: la creciente polarización política entre distintos sectores de la comunidad, un ambiente que terminó opacando parte del carácter festivo de ambas celebraciones.
Durante la edición número 37 de la Gran Parada Dominicana, decenas de miles de personas acudieron al tradicional recorrido por Grand Concourse, donde participaron autoridades electas, representantes comunitarios y organizaciones culturales. Diversos asistentes observaron una concurrencia menor que en años anteriores y un desarrollo menos organizado del evento.
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Uno de los momentos de mayor tensión ocurrió con la llegada del alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, quien recibió tanto aplausos como abucheos mientras recorría varias cuadras del desfile. En distintos puntos del trayecto algunos participantes le gritaron consignas como «traidor» y «desleal», en medio de reclamos que diversos manifestantes relacionaron con diferencias políticas surgidas tras el respaldo del alcalde a la dirigente Darializa Ávila Chevalier frente al congresista Adriano Espaillat. Esas expresiones corresponden a los manifestantes y reflejan el clima político presente durante la actividad.

Zohran Mamdani desfiló paralelo y Darializa Ávila Chevalier no se presentó
Observadores también señalaron que el recorrido del alcalde transcurrió inicialmente por una vía paralela al desfile principal y posteriormente ocupó el centro de Grand Concourse, mientras las delegaciones dominicanas continuaban detrás de su comitiva. Su presencia estuvo acompañada por un amplio dispositivo de seguridad integrado por miles de agentes policiales y vigilancia aérea. Y Darializa Ávila Chevalier brilló por su ausencia.
Aunque Mamdani destacó públicamente las contribuciones de la comunidad dominicana a la ciudad, la mezcla de ovaciones y rechazos evidenció la división existente entre distintos sectores de la diáspora en un evento concebido para celebrar la identidad nacional.
El ambiente de tensión también estuvo presente en el Dominican Taste Festival, celebrado en el Alto Manhattan, donde la organización denunció un nivel inusual de fiscalización por parte de funcionarios municipales. Su directora, Elida Almonte, afirmó que inspectores y representantes de distintas agencias ejercieron una supervisión constante sobre el montaje, los expositores y la operación del evento, pese a que, según indicó, se cumplían todos los permisos y requisitos exigidos por la ciudad.
La organización calificó las actuaciones como desproporcionadas y sostuvo que el incremento del escrutinio afectó el desarrollo de una actividad familiar que durante años había transcurrido sin incidentes de esa naturaleza. Para numerosos participantes, los acontecimientos registrados tanto en la parada como en el festival reflejaron cómo las diferencias políticas comienzan a trasladarse a espacios tradicionalmente dedicados a la unidad y la celebración de la comunidad dominicana en Nueva York.



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