NUEVA YORK.-Jesús de Galíndez salió de la Universidad de Columbia la noche del 12 de marzo de 1956 y se internó en Manhattan sin saber que aquellas serían sus últimas horas como hombre libre. Tenía 40 años, acababa de impartir clases y llevaba consigo un conocimiento que Rafael Leónidas Trujillo consideraba peligroso.
Los mecanismos internos de una dictadura que Galíndez había observado durante seis años en República Dominicana.
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El jurista vasco había llegado al país caribeño en 1939, huyendo de la derrota republicana en España. Trabajó como profesor, asesor del Departamento de Trabajo y colaborador de instituciones académicas dominicanas. Esa proximidad le permitió contemplar el régimen más allá de los desfiles, discursos y monumentos.

Vio cómo Trujillo subordinaba las instituciones, vigilaba a la población y convertía el Estado en una prolongación de su voluntad.
Cuando se estableció en Nueva York, Galíndez transformó aquel conocimiento en una investigación doctoral titulada “La era de Trujillo.” un estudio casuístico de dictadura hispanoamericana. El trabajo examinaba el culto a la personalidad, las elecciones controladas, el sometimiento de la justicia y la apropiación del aparato público.
La investigación también contenía referencias personales que habrían enfurecido especialmente al dictador.
Según la reconstrucción publicada por el historiador Allen Wells, catedrático de Bowdoin College, Galíndez fue sometido, sedado y trasladado en una ambulancia privada hasta un aeropuerto de Long Island. Sin embargo, ninguna persona fue juzgada por su secuestro y su cadáver jamás apareció. La investigación policial y la del FBI no consiguieron cerrar judicialmente el caso, aunque los documentos desclasificados permiten seguir una inquietante ruta aérea.

Gerald Lester Murphy, un piloto estadounidense de 23 años, había alquilado en Nueva Jersey un avión Beechcraft seis días antes de la desaparición. La aeronave fue llevada por varios aeropuertos, le retiraron asientos y le instalaron depósitos adicionales de combustible.
Durante la noche del 12 de marzo, un hombre inmóvil, presentado como enfermo de cáncer, fue conducido en silla de ruedas hasta el aparato.
La nave partió de Long Island, aterrizó en Florida para abastecerse y volvió a despegar. Horas después, Murphy regresó solo a otro aeropuerto floridano. El tiempo transcurrido permitía realizar un viaje de ida y vuelta hasta Montecristi, en la costa norte dominicana, según un resumen de la investigación del FBI incorporado a los documentos históricos del Departamento de Estado.
Murphy terminaría aportando involuntariamente una pieza decisiva. Contó a su prometida y a otras personas que había transportado hasta República Dominicana a un hombre aparentemente drogado y que posteriormente supo que era Galíndez. También dejó entender a otro piloto que conocía lo ocurrido con el profesor.
El 3 de diciembre de 1956, Murphy desapareció en Ciudad Trujillo. Su automóvil fue encontrado abandonado cerca del mar. Bajo presión de Washington, el Gobierno dominicano atribuyó su muerte al piloto Octavio de la Maza, quien fue encarcelado y apareció ahorcado en su celda el 7 de enero de 1957.
Las autoridades mostraron una supuesta nota en la que asumía la responsabilidad.
La Embajada estadounidense encontró contradicciones en esa versión y denunció que el régimen se negaba a entregar informes policiales e interrogatorios. En un memorando confidencial, sus funcionarios calificaron la explicación dominicana como un engaño y concluyeron que existía una relación estrecha entre las desapariciones de Galíndez y Murphy.
Otro documento sostuvo que agentes dominicanos probablemente eliminaron al joven piloto por su participación en el secuestro.
La investigación también señaló al general Arturo Espaillat, antiguo funcionario de seguridad y cónsul dominicano en Nueva York. No obstante, el Departamento de Estado reconoció que carecía de pruebas suficientes para presentar un caso definitivo contra él.
Estados Unidos optó por presionar discretamente al régimen mientras protegía intereses militares, económicos y estratégicos en el Caribe.

El caso nunca produjo una condena, pero sus consecuencias alcanzaron la relación entre ambos países. Documentos oficiales reconocen que el episodio Galíndez-Murphy provocó restricciones en la cooperación, cuestionamientos en el Congreso y una creciente desconfianza hacia Trujillo.
La tesis sobrevivió y fue publicada en 1956. Su autor desapareció; el piloto que habría transportado su cuerpo también; y Octavio de la Maza murió cuando el régimen intentó cerrar el expediente. Lo que Trujillo quiso enterrar terminó convertido en evidencia histórica de que su poder represivo no se detenía en las costas dominicanas… podía perseguir a un profesor hasta las calles de Nueva York y convertir una investigación universitaria en una cadena de desapariciones.
Fuentes: Departamento de Estado de Estados Unidos, Foreign Relations of the United States, 1955–1957, vol. 6, documentos 314, 315, 316 y 318; Museo Memorial de la Resistencia Dominicana, “El caso Galíndez, 1956”; Allen Wells, The Abduction of a Professor, Yale University Press, 2023; y Columbia Daily Spectator, “The Galindez Thesis”, 18 de febrero de 1958.


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