Washington.- Xi Jinping acababa de llegar a Estados Unidos cuando Donald Trump lo esperaba en la pista de la Base Conjunta Andrews, en Maryland. El presidente estadounidense acudió personalmente a recibir al mandatario chino y a su esposa, Peng Liyuan, acompañado por la primera dama Melania Trump.
La escena abrió la visita de Estado de Xi a Washington y rompió con la práctica habitual de recibir a los líderes extranjeros en la Casa Blanca. Esta vez, Trump salió al encuentro de su homólogo en el lugar donde aterrizó el avión presidencial chino, en una ceremonia que dio a la llegada un significado propio.
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El recibimiento también tuvo un componente de reciprocidad. En mayo, durante la visita de Trump a China, Xi no acudió personalmente al aeropuerto de Beijing; el vicepresidente Han Zheng recibió al mandatario estadounidense. La Casa Blanca confirmó que Trump decidió saludar a Xi en Andrews, mientras Melania Trump explicó que ambos líderes mantienen una buena relación.
El gesto ocurre en una relación marcada por la competencia y la necesidad de diálogo. Washington y Beijing mantienen diferencias sobre comercio, inteligencia artificial, minerales críticos y Taiwán, además de tensiones vinculadas con Irán. La visita busca abrir espacio para conversaciones entre dos potencias cuya relación influye en la economía y la seguridad internacionales.
Xi permanecerá en Estados Unidos hasta el viernes. La agenda contempla una ceremonia oficial en la Casa Blanca, una revisión militar y una cena de Estado. Pero antes de los actos solemnes, fue la imagen de Trump esperando en la pista la que marcó el comienzo de la visita: una señal pública de deferencia en medio de una relación que combina cortesía diplomática con desacuerdos profundos.



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