La grasa abdominal conocida popularmente como “barriguita cervecera”, “gorditos” o “cauchos” tiene un nombre médico: grasa visceral, una condición vinculada con riesgos para la salud cardiometabólica.
De acuerdo con el estudio Impacto de la grasa visceral y hepática en la salud cardiometabólica, publicado por Springer, existe una asociación clara entre la grasa visceral y la enfermedad cardiovascular. En cambio, la relación entre la grasa hepática y la enfermedad cardiovascular es menos precisa.
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La grasa visceral no solo se relaciona con el peso corporal, sino también con la distribución de la grasa en el organismo. Por eso, sus efectos pueden ir más allá del Índice de Masa Corporal.
Según el estudio, los depósitos de grasa, incluida la grasa visceral, la grasa subcutánea y la grasa hepática, tienen una relación importante con la salud cardiometabólica.
Esta condición puede incidir en enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y apnea obstructiva del sueño.
Los investigadores señalan que el manejo integral del estilo de vida continúa siendo el enfoque inicial para tratar la obesidad y mejorar la distribución de la grasa corporal.
Entre las medidas recomendadas figuran cambios en la alimentación, actividad física y, en algunos casos, intervenciones farmacológicas. La cirugía puede ofrecer mejores resultados a largo plazo en determinados pacientes, según la evaluación médica.
Especialistas también recomiendan evitar alimentos ultraprocesados, productos de panadería industrial, exceso de azúcar añadido y bebidas alcohólicas, debido a su relación con la inflamación y la acumulación de grasa abdominal.
El médico especialista en Endocrinología y Nutrición Borja Bandera explicó que la grasa visceral tiene un impacto negativo en la salud, pero suele responder bien a cambios en el estilo de vida.
El especialista plantea un protocolo que incluye reducir estresores innecesarios, controlar el exceso de cortisol, realizar actividad física y adoptar estrategias nutricionales ajustadas a cada persona.
También advierte que un consumo elevado de carbohidratos simples, comidas rápidas y ultraprocesados puede contribuir, con el tiempo, a problemas metabólicos.
Las dietas bajas en carbohidratos han sido señaladas como una alternativa efectiva para reducir grasa visceral cuando se aplican correctamente. Un estudio citado observó que, durante ocho semanas, los participantes con este tipo de dieta perdieron más grasa visceral que quienes siguieron una dieta baja en grasa.
Entre las estrategias nutricionales también se menciona la dieta cetogénica en casos específicos, aunque su aplicación debe realizarse con orientación profesional, especialmente cuando se busca una pérdida de peso rápida.
Otra recomendación es aumentar el consumo de fibra soluble, presente en alimentos como legumbres, avena, boniato, psyllium, semillas de chía, lino, frutas y verduras.
Según Bandera, la fibra soluble puede favorecer la pérdida de peso al influir en hormonas relacionadas con el apetito y al producir ácidos grasos de cadena corta durante su fermentación en el colon.
El aumento del consumo de proteína también puede ayudar en el proceso, debido a su efecto sobre la saciedad, el gasto calórico y el mantenimiento de la masa muscular.
Entre las fuentes proteicas recomendadas figuran pescado azul, carnes, huevos, lácteos, legumbres, soja y proteína de suero.
El especialista concluye que eliminar el alcohol y reducir el azúcar añadido son medidas importantes para disminuir la grasa visceral, al señalar que “a más azúcar, más grasa visceral”.



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