DANBURY, Connecticut.-La semana terminó en Connecticut con una cifra que retrata la magnitud de lo ocurrido, pero también la falta de información que ha rodeado el operativo migratorio. Al menos 94 personas habrían sido detenidas por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, 64 de ellas en Danbury, según el recuento actualizado por organizaciones que han acompañado a las familias afectadas.
La cantidad no ha sido confirmada oficialmente por ICE. Tampoco existe un desglose que permita establecer cuántos arrestos se produjeron específicamente entre el viernes 28 y el sábado 29 de agosto. El balance difundido este sábado corresponde a las detenciones documentadas durante toda la semana en diferentes puntos del estado.
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Danbury cargó con el peso principal del despliegue. Las detenciones comenzaron a sentirse desde el lunes en parques, calles, estacionamientos y zonas donde trabajadores esperaban oportunidades de empleo. Con el paso de los días, aparecieron nuevos videos, testimonios y denuncias. También se reportaron arrestos en Stamford, Bridgeport y Hamden.
La escena más grave ocurrió el jueves, cuando varios agentes forcejearon con un hombre antes de utilizar una pistola eléctrica contra él. El detenido quedó tendido, comenzó a convulsionar y fue trasladado al Hospital de Danbury después de que el propio ICE solicitara una ambulancia.

En la grabación de la llamada al 911, uno de los agentes informó que el hombre estaba temblando, respiraba con dificultad y parecía desorientado. El Departamento de Seguridad Nacional sostuvo que el detenido se resistió, intentó alcanzar una navaja y llevaba una tarjeta de residencia permanente y una tarjeta del Seguro Social falsificadas.
Los videos difundidos muestran el forcejeo, la descarga eléctrica y, desde otro ángulo, lo que parece ser una patada de uno de los agentes. Las imágenes, sin embargo, no permiten observar con claridad la navaja mencionada por las autoridades federales.
La tensión alcanzó también el entorno escolar. Activistas y funcionarios denunciaron detenciones cerca de escuelas, una guardería y paradas de autobuses. DHS negó que ICE estuviera persiguiendo deliberadamente a padres mientras acompañaban a sus hijos y afirmó que uno de los arrestos cuestionados ocurrió lejos de una parada, cuando el detenido se encontraba solo. El temor ya había entrado en los hogares. La superintendente de las Escuelas Públicas de Danbury envió una comunicación a las familias después de conocer que algunos padres tenían miedo de salir, acompañar a sus hijos o no encontrarse en casa cuando regresaran de clases.
El gobernador Ned Lamont, el senador Chris Murphy, la congresista Jahana Hayes y el alcalde Roberto Alves cuestionaron la violencia, la amplitud y la falta de transparencia del operativo. Lamont afirmó que las redadas estaban traumatizando a comunidades enteras sin demostrar que hicieran más seguro al estado.
DHS respondió entregando a la prensa una lista de cinco inmigrantes con antecedentes penales supuestamente detenidos en Connecticut. Sin embargo, esa misma relación había sido distribuida anteriormente y correspondía a arrestos realizados en Hartford, por lo que no permite determinar si esas personas formaron parte del despliegue de esta semana.
La operación dejó así dos realidades imposibles de separar. Una cifra cercana al centenar de detenidos y una comunidad que todavía no sabe con precisión quiénes fueron llevados, bajo qué circunstancias ni cuántos tenían antecedentes criminales.
Al finalizar el sábado, Danbury seguía convertida en el centro de una ofensiva migratoria que se extendió por Connecticut. Las familias buscaban abogados, verificaban nombres y trataban de localizar a sus seres queridos, mientras ICE continuaba sin revelar el balance oficial de una semana que alteró la vida de varias ciudades.



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