Santo Domingo.- Alrededor de 85,000 personas viven con VIH en República Dominicana, donde los avances médicos han permitido convertir la infección en una condición crónica controlable, mientras el miedo al rechazo y la discriminación continúa afectando la vida cotidiana de numerosos pacientes.
Datos ofrecidos por el Consejo Nacional para el VIH y el SIDA (Conavihsida), a través del Portal Único de Solicitud de Información Pública (SAIP), indican que aproximadamente 84,000 personas vivían con VIH en 2024 y que para 2025 la estimación aumentó a unas 85,000.
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La prevalencia estimada en la población general se mantiene entre 0.9 % y 1.0 %, equivalente aproximadamente a una persona por cada 100 habitantes.
Pacientes temen ser reconocidos
Más allá de las cifras, personas que viven con VIH aseguran que todavía toman medidas para evitar que familiares, conocidos o compañeros de trabajo descubran su condición.
Junior Ramírez, nombre ficticio utilizado para proteger su identidad, fue diagnosticado en 2013. Actualmente tiene 42 años, mantiene una vida estable y ha alcanzado una carga viral indetectable.
Sin embargo, recuerda que durante años acudió a sus consultas con el temor de ser reconocido. En 2016, un conocido de su padre lo vio mientras visitaba un centro público especializado y posteriormente comunicó a su familia que lo había observado en el lugar.
Una experiencia similar enfrenta Cristhofen Martínez, también identificado con un nombre ficticio. El maestro de 44 años, diagnosticado en 2015, se traslada hasta Santo Domingo para recibir atención médica y procura acudir a las consultas a las 5:00 de la mañana para reducir las posibilidades de encontrarse con personas conocidas.
Consultas de madrugada por temor al estigma
El doctor Carlos Adón, director e investigador del Instituto Dominicano de Estudios Virológicos (IDEV), explicó que algunos pacientes utilizan gafas, máscaras o mascarillas para evitar ser reconocidos y otros viajan a provincias alejadas de sus comunidades para recibir atención.
Según el especialista, el temor es tan frecuente que decidió comenzar a ofrecer consultas desde las 5:00 de la mañana.
Leonardo Sánchez, coordinador de la organización Amigos Siempre Amigos (ASA), señaló que una persona con VIH que recibe tratamiento antirretroviral puede alcanzar una expectativa de vida similar a la población general, pero los prejuicios continúan afectando a quienes viven con el virus.
Sánchez atribuyó parte del problema a los tabúes relacionados con la sexualidad y a las percepciones equivocadas que todavía existen sobre el VIH.
El miedo puede retrasar el tratamiento
Ramón Acevedo, consultor comunitario internacional en VIH, aseguró que existen personas que retrasan durante años el inicio del tratamiento por temor a acudir a establecimientos asociados con la atención del virus.
Acevedo relató el caso de una persona diagnosticada hace aproximadamente dos décadas que todavía no había comenzado tratamiento debido al temor de ser identificada.
También explicó que algunos pacientes recorren largas distancias entre provincias únicamente para disminuir las posibilidades de que su condición sea conocida en sus comunidades.
El epidemiólogo Miguel Ángel Rosa Rubio, supervisor clínico en Family Services Network of New York, señaló que factores como la falta de confidencialidad, experiencias previas de discriminación, el estigma comunitario y el autoestigma pueden generar miedo o vergüenza entre las personas que viven con VIH.
VIH es actualmente una infección controlable
Los tratamientos antirretrovirales permiten controlar el VIH y alcanzar la supresión viral. Una persona que mantiene una carga viral indetectable gracias al tratamiento no transmite sexualmente el virus.
El doctor Robert Paulino Ramírez, investigador principal del Instituto de Medicina Tropical y Salud Global de la Universidad Iberoamericana (Unibe), señaló que República Dominicana dispone de herramientas médicas eficaces para controlar el virus, mientras persisten barreras sociales que afectan a los pacientes.
Paulino Ramírez destacó que el tratamiento antirretroviral está disponible gratuitamente a través del Servicio Nacional de Salud (SNS).
El especialista advirtió que la discriminación puede manifestarse en ámbitos laborales, familiares y educativos, además de provocar que algunas personas oculten su diagnóstico o retrasen las pruebas y el inicio del tratamiento.
También señaló que el estigma puede tener consecuencias para la salud mental, entre ellas ansiedad, depresión y aislamiento.
Para el especialista, reducir estas barreras requiere educación sostenida, empatía y estructuras institucionales que protejan los derechos y la confidencialidad de las personas que viven con VIH.



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