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Día Mundial de la Leucemia Linfocítica Crónica destaca señales y avances terapéuticos

Cada 1 de septiembre se busca crear conciencia sobre la leucemia linfocítica crónica, una enfermedad que puede avanzar inicialmente sin síntomas evidentes.

Día Mundial de la Leucemia Linfocítica Crónica destaca señales y avances terapéuticos
Abogado Enrique Rosario - inmigracion

Internacional.- Cada 1 de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Leucemia Linfocítica Crónica, una jornada dedicada a aumentar el conocimiento sobre una enfermedad que afecta principalmente a adultos mayores y que puede desarrollarse inicialmente sin manifestaciones evidentes.

La leucemia linfocítica crónica (LLC) es uno de los tipos de leucemia más frecuentes entre los adultos. Se origina en los linfocitos, un tipo de glóbulo blanco, dentro de la médula ósea, desde donde las células cancerosas posteriormente pasan a la sangre.

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Una encuesta internacional realizada entre 846 pacientes con LLC en más de diez países encontró que el 69 % había experimentado síntomas antes de recibir el diagnóstico. Sin embargo, el 89 % desconocía que esas manifestaciones podían estar relacionadas con una leucemia.

La fatiga fue la señal mencionada con mayor frecuencia, al afectar al 40 % de los participantes. La inflamación de los ganglios linfáticos apareció en el 27 %, mientras que la fiebre o la sudoración nocturna fue reportada por el 19 %. También pueden presentarse pérdida involuntaria de peso, infecciones recurrentes y molestias en la parte superior izquierda del abdomen debido al agrandamiento del bazo.

La ausencia de síntomas durante las primeras etapas representa una de las características de esta enfermedad. Según la misma encuesta, el 71 % de los casos fue identificado mediante un análisis de sangre o durante un chequeo médico rutinario. Entre los factores asociados con un mayor riesgo figuran tener más de 55 años, antecedentes familiares de cáncer de sangre o médula ósea y exposición a determinados herbicidas e insecticidas.

A diferencia de las leucemias agudas, la LLC puede permanecer estable durante años. Algunos pacientes se mantienen bajo vigilancia activa, con controles médicos periódicos y sin iniciar tratamiento mientras no existan señales de progresión. La encuesta señaló que el 84 % de los participantes pasó en algún momento por esta modalidad de seguimiento.

El diagnóstico de la LLC puede comenzar con un examen físico para detectar ganglios inflamados o un aumento del tamaño del bazo. Posteriormente pueden realizarse análisis sanguíneos, incluido un hemograma completo, para evaluar la cantidad y las características de las células de la sangre. Una concentración elevada de linfocitos B puede constituir una de las primeras señales.

Los médicos también pueden estudiar alteraciones genéticas presentes en las células cancerosas porque estas características pueden influir en la evolución de la enfermedad y en las decisiones terapéuticas. Entre ellas se encuentran la pérdida de una parte del cromosoma 17 y las mutaciones del gen TP53.

La enfermedad se clasifica de acuerdo con su avance. En etapas iniciales puede detectarse únicamente un aumento de linfocitos en la sangre, mientras que posteriormente pueden aparecer ganglios agrandados, aumento del tamaño del bazo o el hígado, anemia y disminución de las plaquetas. Estos elementos, junto con la edad y las características genéticas, ayudan a establecer el riesgo y orientar el seguimiento.

Las opciones terapéuticas para la leucemia linfocítica crónica han evolucionado con la incorporación de tratamientos dirigidos contra mecanismos específicos de las células cancerosas. Entre ellos figuran medicamentos que bloquean determinadas tirosina-cinasas o la proteína BCL2, lo que ha permitido reducir el uso de quimioinmunoterapia cuando existen terapias dirigidas disponibles.

En determinados casos todavía puede recurrirse a la combinación de quimioterapia e inmunoterapia, mientras que el trasplante de médula ósea se reserva cada vez más para situaciones específicas. Para algunos pacientes también existe la terapia CAR-T, basada en modificar células inmunitarias del propio paciente para que reconozcan y destruyan las células cancerosas.

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